Al son de los albores otoñales
el sol brillaba en su pelo enredado,
la luna era su cuerpo ondulado
que deslumbra y danza en los parrales.
Un verde lago de aromas letales
perfumaba el paisaje azulado
del reino del bosque, donde hechizado
el ciervo bailaba con las vestales.
“Recuerda su voz”, las flores cantaban;
los árboles sagrados susurraban
su nombre con temor respetuoso.
Al paso de Artemisa destellaban
luciérnagas que de noche adornaban
de luz su corazón majestuoso.
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el sol brillaba en su pelo enredado,
la luna era su cuerpo ondulado
que deslumbra y danza en los parrales.
Un verde lago de aromas letales
perfumaba el paisaje azulado
del reino del bosque, donde hechizado
el ciervo bailaba con las vestales.
“Recuerda su voz”, las flores cantaban;
los árboles sagrados susurraban
su nombre con temor respetuoso.
Al paso de Artemisa destellaban
luciérnagas que de noche adornaban
de luz su corazón majestuoso.











