Grito.

Coño, me quedé dormida, no llego al aeropuerto. Qué calor. ¿Qué me pongo? Esta camiseta de tirantes y éstos pantalones, ya. Llegarán a las nueve, tal vez podamos desayunar antes de coger el vuelo a Barcelona. Pobrecillos, llegarán hechos polvo después de doce horas desde Buenos Aires y encima luego coger otro vuelo. Pasaremos unos días juntos en Barcelona, en uno de esos hoteles que tanto le gustan a mamá, con piscina y yacuzzi. Tendré que hablar con ella, a ver si logro que se le pase el enfado, en definitiva es mi vida, vale, no tiene dinero, pero ¿A quién le importa el dinero? Estoy enamorada, se lo he dicho mil veces. Desde luego no le diré que estuve vendiendo artesanías en la playa, le daría un infarto, ni que estuve durmiendo en un camping durante un mes, me obligaría a volver a Buenos Aires, y lo estoy pasando tan bien.. Joder, encima tengo que pedirle dinero para cambiar el billete, no quiero imaginar la que va a montar cuando le diga que quiero quedarme dos meses más, pero bueno, tengo 24 años, quiero vivir mi vida, debería entenderlo. Creo que acortaré camino atravesando el callejón, así llegaré más rápido a la avenida para pillar un taxi, espero que pase alguno tan temprano, cómo pesa el jodido bolso. ¿Y ése? Viene hacia mi, es un yonqui, mierda, por qué se me ocurrió venir por aquí, es peligroso, no hay un alma, soy una imbécil. Nada, seguiré caminando como si nada. Joder voy a tener problemas, está sacando algo del bolsillo, Dios mío qué hago, qué hago, tranquila, seguro que se va.

-Tienes un cigarro?
-No, lo siento, no fumo.
Me impide el paso colocándose en mi camino cada vez que quiero avanzar.
-Déjame pasar.
-Qué pasa rubia, estás muy buena, qué haces por aquí tan solita.
-Nada, déjame pasar, tengo prisa.
Dios, ¿eso es una navaja? Oh no, no no.
-Tranquilo, no tengo mucho dinero, pero te doy lo que tenga, déjame ir, por favor.
-No, no, no (se ríe) Quiero una mamada y un polvo, ahora. ¿Vas a portarte bien no?, dice, colocando muy cerca de mi cara la navaja mientras sonríe.

No puedo respirar, tengo que gritar y no puedo, como cuando tengo pesadillas, el sonido no quiere salir de mi garganta, grita imbécil, grita. No, no lo hagas, te matará si lo haces. Dios mío qué asco, Dios que quite sus asquerosas manos de mis tetas, no, no. Jodido cabrón me las pagarás. Grita imbécil, grita con todas tus fuerzas... El hijo de puta salió por fin largo, largo y agudo, resonó con fuerza en el silencio de la mañana. Algunas ventanas comenzaron a abrirse, vecinos curiosos alertados por mis desesperados gritos asomaban sus rostros. Hubo un forcejeo, lo tenía detrás metiendo sus inmundas manos dentro de mi camiseta, le di un codazo en el estómago con todas mis fuerzas, movida por el asco y el odio, logró pincharme apenas con su navaja, un pequeño arañazo en el hombro, antes de salir corriendo al escuchar a algunos vecinos decir que llamarían a la policía. Jodido cabrón, si hasta estuve a punto de echar a correr tras él para pillarlo y darle su merecido, ciega de furia. ¡Yo follo con quien me da la gana Gilipollas!

Cogí mi bolso, llegué a la avenida, cogí un taxi, esperé durante veinte minutos a mi madre y mi hermano en el aeropuerto. Me maquillé un poco en el baño para estar estupenda cuando me viesen. La vi acercarse con un dulce gesto en su rostro. Cuando me dijo. 'Andreíta, mi amor ¿Cómo estás chiquita?' abrazándome, el llanto salió a borbotones, y no se detuvo durante un largo, largo rato.
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